Ben Schneider, presidente de Indra en Perú y autor del libro Post Crisis: “Primero debe ser el capital humano, luego los clientes y después los accionistas”

Por Guisella Vargas Ochoa

Ben SchneiderRecientemente, Ben Schneider publicó un nuevo libro titulado “Post Crisis” mediante el cual plantea a los hombres y mujeres de negocios asumir un conjunto de retos en materia de gestión empresarial para alcanzar un desarrollo sostenible y trascendental en un nuevo escenario económico, donde las crisis pueden aparecer y generalizarse de un momento a otro. De este modo, pretende que tras la crisis del 2008, los empresarios peruanos reflexionen sobre un cambio necesario en sus modelos de gestión y dar un giro en su visión estratégica considerando en primer lugar al capital humano, en segundo lugar al cliente y luego a los accionistas.  En tal sentido, el también presidente ejecutivo de Indra y director del MBA de la Universidad del Pacífico sostiene que si bien la economía peruana se mantiene en crecimiento, sería un error caer en la complacencia y por ello resalta la necesidad de que las empresas grandes y pequeñas y el Estado inviertan más en atraer a los mejores talentos, en capacitar a su personal y asegurar la mayor transferencia tecnológica posible.

¿Cuál es el objetivo del nuevo libro “Post Crisis” y cuál es el principal mensaje que espera posicionar en la mente de los lectores?

El objetivo principal es resaltar la importancia de la empresa en la generación de bienestar. La empresa hace una contribución al desarrollo del país, a la generación de clases medias, al desarrollo de personas. Las clases medias representan hoy más de un tercio del consumo mundial y hacia el 2025 esta cifra de consumidores –que son 2,400 millones y cuyo número se ha duplicado en veinte años—  se volverá a duplicar y representará más del 50% del consumo mundial.

¿De qué manera las empresas tendrían que delinear sus estrategias para tener una buena porción de ese mercado?

Lo primero es entender en qué escenario nos movemos. Para que este círculo virtuoso continúe hay que evitar que vuelva a pasar lo que ocurrió en el año 2008, por eso planteo un libro de Post Crisis. Si volvemos a atentar contra la economía mundial entonces esa duplicación de consumidores no se dará. Por eso propongo un desarrollo con compromiso, lo que debe entenderse ahora después de la crisis como portarse bien, entender el poder empresarial.  

Hay empresarios que sienten que la crisis internacional no los afectó, otros que sí y el Ministerio de Economía también señaló en su oportunidad que no tuvo mayor impacto en el Perú, ¿Qué alerta les daría?

La crisis ha trastocado a un mundo que está inundado de liquidez. Perú hubiera podido crecer más si no hubiera ocurrido la crisis de Europa y Estados Unidos. El solo anuncio de la FED de Estados Unidos de empezar a retirar la liquidez afectó recientemente a las monedas de todos los países emergentes y hubo una corrida de capitales golondrinos. Obviamente sería un grave error decir que estamos blindados. El libro hace una advertencia en contra de la complacencia. En épocas de cambio, cuando el sentido de urgencia es bajo y el de complacencia es alto, todo se hace más difícil.  Es cierto que hemos tenido una década brillante y yo creo que continuará; si se reactivan los mercados más grandes esto plantea el reto de ser más atractivos de lo que somos hoy.

Su libro menciona que la creatividad debe ser el eje de las estrategias para poder crecer económicamente ¿Cómo enlazar creatividad e innovación con responsabilidad social?

El término responsabilidad social ya ha sido rebasado porque si ponemos en la balanza los últimos años, así como se ha dado un crecimiento de la clase media y la disminución de pobreza, también fue una década donde más se habló de responsabilidad social pero se montó una crisis de tamaño monumental que desnudó prácticas poco éticas. La responsabilidad social no trata de acciones reactivas por ciertas circunstancias sino de involucrar en el seno de la estrategia la actividad social. Por ejemplo, hay una cadena de supermercados que está ingresando a las regiones y ya viene capacitando a agricultores de comunidades nativas en técnicas de empaque, producción, almacenamiento y han colocado estos productos en sus tiendas. Eso es parte de su estrategia. Lo que planteamos en el libro es el compromiso. Un mundo globalizado exige de un compromiso que va más allá de una acción comunitaria focalizada, implica enfocarse en el largo plazo, en no tergiversar los roles de los agentes económicos.

¿Cómo estar preparados para enfrentar una crisis si hay déficit de personal calificado?

El crecimiento económico tiene que estar acompañado de competencias de capital humano, en calidad y en cantidad. Por ejemplo, hubo un reporte de Cisco que señalaba que hay un déficit de 3,500 profesionales solo en el área de Informática. Si vamos al tema del Management, el libro basa este desarrollo con compromiso en cuatro grandes pilares, uno de los cuales son justamente las escuelas de negocios.  Hay una crítica muy severa hacia las escuelas top de los Estados Unidos porque de allí salieron las mentes que dirigieron las corporaciones responsables de las crisis. Hay profesores como Joel Podolvi que ha hecho una crítica sobre la falta de cursos de ética y de liderazgo.  La sociedad debería preocuparse sobre cómo se forman los profesionales de MBA. Un segundo pilar que ayudará al círculo virtuoso son los consumidores que están empoderados más que nunca por las redes sociales y porque están más informados sobre los productos o servicios que quieren conseguir. Quieren saber además cómo es la empresa, cómo trata a su gente, cómo sus trabajadores se portan con la sociedad. El tercer pilar son las instituciones que deben cumplir un rol de fomento. Y el cuarto pilar son las empresas y la autoregulación.

Considerando el escenario de crisis internacional y teniendo en cuenta que la economía peruana depende de Estados Unidos, por ser nuestro principal comprador, ¿cómo deberían manejarse los planes estratégicos de las empresas? ¿Cada cuánto tiempo deberían revisarse?

El Perú tiene una posición privilegiada. México tiene una dependencia de 70% de los Estados Unidos, pero en el caso del Perú es menos del 25%. Nuestra economía está dividida en cinco bloques: Estados Unidos, China, Europa, América Latina y otros países, y eso nos hace menos vulnerables. Tenemos una economía que está muy ligada al comportamiento de los minerales y nos tenemos que preocupar por generar más productos de valor agregado, lo que nos obliga a estar permanentemente revisando nuestras estrategias. Esos retiros de antaño donde cada dos o tres años los ejecutivos de las empresas se enfocaban y se reunían para revisar el plan estratégico, eso ya no funciona ahora. Lo que yo planteo en mi libro es más que nunca tener la condición de residentes y asumir cuatro retos de manera permanente.

¿Cuáles son?

Uno de ellos está asociado al conocimiento y esto implica operar como una central meteorológica para estar detectando lo que está pasando y analizar cómo nos puede afectar. Lo segundo es un reto estratégico para generar estrategias alternativas de manera permanente y reemplazar las obsoletas. El tercero es un reto político que implica poner los recursos humanos y financieros para que en contextos controlados uno pueda hacer prueba y error de estos modelos estratégicos alternativos. El cuarto es un reto ideológico ya que se necesita comprender que en pleno siglo XXI uno no puede dedicarse a hacer de todo dentro de la empresa y que hay que privilegiar actividades distintivas que nos dan la especialización en el mercado. Igualmente, con las actividades operativas que se pueden hacer vía outsourcing, como las de informática, logística, contabilidad o marketing. Estamos en una época en la que se requieren organizaciones ligeras, ágiles que puedan regular contratos más que gerenciar recursos.  

¿Cómo lograr que el Estado y el sector privado inviertan en innovación?

Precisamente, los países que han logrado desarrollar sus economías lo han hecho sobre la base de transferencia de tecnología. Eso ha sido un atajo para dar el salto. Hoy Perú es un imán de inversión, pero hay que atraer aquellas que transfieran tecnología. La empresa que yo presido es parte de una legión importante en la que el 95% somos peruanos y hemos recibido transferencia tecnológica. Y a partir de ello se pueden hacer productos ad hoc para este mercado y luego se empieza a exportar. Así ha ocurrido el milagro económico de Irlanda, Israel, de la India, y ahora le toca al Perú.

Claro porque en Perú seguimos basando la mayor parte de nuestro crecimiento económico en exportación de materias primas y no de valor agregado...

De ninguna manera podemos caer en la complacencia. De ninguna manera podemos creer que las compañías van a seguir creciendo de manera automática. O que estamos blindados y que no nos pegan las cosas que pasan afuera.

¿Cuál es la mayor debilidad del empresariado peruano, desde su punto de vista?

El capitalismo del accionista que fue el motor y la razón de ser de las empresas del siglo pasado, hoy ya en esta etapa no inspira. Ciertamente los accionistas tienen que ver un retorno razonable de su inversión pero el orden pasa por ser primero el capital humano, segundo el cliente y tercero el accionista. Eso es lo que propongo en el libro.  Para poder inspirar a ese capital humano no solo se trata de remuneraciones o de bonos;  porque ya sabemos lo que ocurre cuando se ponen presiones por resultados como en el 2008 y antes cuando se gestó la crisis y se pusieron altos premios en Wall Street. Por ello revisamos las teorías del profesor (Daniel) Kahneman, que es el padre de la Economía del Comportamiento, quien justamente establece que cuando el hombre entra al campo económico a veces afloran en él sentimientos de competitividad, de envidia, de venganza y puede actuar bajo presión de una manera no ética.